DESPLAZAMIENTOS INTERNOS
Tiempos suspendidos Lola Fabra

El tiempo suspendido from Lola Fabra on Vimeo.

Tiempos suspendidos ha sido inspirado por En verdad fue terrible, de Maíra das Neves, lectura recuperada a inicios del confinamiento y que llevaba aguardándome más de un año. Fue acompañada por "Cuando los dioses son tiempo. Breve crítica a la temporalidad occidental" de Icnitl Ytzamat-ul Contreras García, publicado en Acta poética, 34,2, julio-diciembre 2013 (63-76). El tiempo se sobrevino, explotado por el constreñimiento de lo mensurable, desconocido por creerlo limitado a una linealidad Esta pausa me devuelve al tiempo maya y su indivisible unión con el espacio. Comunión que cobra sentido al amparo del confinamiento. Ahora que los límites espaciales se imponen y se alzan como el absoluto, el tiempo parece desplazarse a su antojo por nuestras cotidianidades extrañadas. Una nueva perspectiva temporal maleable: el pasado ya no pasa: si no que persiste, atraviesa o circunda a su antojo el momento (como si al constreñirse el espacio se liberara el tiempo y viceversa). El tiempo se hace presencia: Desconcierto experimentado por asumirlo como indefectiblemente continuo, progresivo y consumible. Su contabilidad lineal se antoja absurda cuando descorres la ventana opaca y la visualidad se alarga hacia la pared enfrentada; recorre el lienzo en busca de matices hasta que la fugacidad se hace presente por la perpetua corriente de aire que levanta los papeles del escritorio. Ocasionalmente, la ausencia de esta contingencia permite que la mirada se instale en la alteración de una luz más tenue o de una línea profusamente marcada por el sol, que empequeñece a su vez el espacio. Un espacio que se ensancha cuando descubro la sombra proyectada de una canaleta desconocida hasta el momento. La ventana, omnipresente cuando persigo el transcurrir del sol, desaparece ante las nubes que amenazan la posibilidad de la terraza como cobijo tras los aplausos, convertidos a su vez en marca temporal. La infinitud se materializa en el edificio más alejado, aquel que se asoma tras la cortina de cantos de pájaros que ocuparon el espacio de los coches. Me pregunto por la posibilidad de los días propicios, cada día es bueno para una cosa, quizás así no se nos hubiera abierto la nada ante la supresión de la obligada agenda. Me pregunto por la posibilidad de que no haya un futuro, sino un seguir el día; sin prevenir, preparar, analizar y redirigir lo que no existe.